Lucir unas uñas largas, de unas dimensiones casi infinitas, era considerado en sociedades como la de la China Imperial como una señal de estatus y un signo evidente de que quien las lucía no estaba capacitado para realizar ningún tipo de trabajo físico. Trasladar ese “privilegio” a la sociedad actual sería imposible ya que, razones sociales y/o culturales aparte, el ritmo de vida de hoy en días es prácticamente incompatible con lucir unas uñas kilométricas. Gestos tan cotidianos como teclear en el móvil o en el ordenador suponen una agresión constante para ellas, de ahí que tener unas uñas frágiles sea un problema muy frecuente para un buen número de personas.

Un dato interesante es que, aunque se producen en dos zonas corporales bastante distanciadas, caída de pelo y uñas quebradizas son dos problemas que están relacionados entre sí. El “nexo de unión” es una sustancia presente en ambas partes del cuerpo: la queratina.  Se trata de una sustancia que se encuentra de forma natural en el organismo y que a su vez se forma a partir de los aminoácidos. Dependiendo de las características de estos aminoácidos, la queratina puede ser dura (como la de las uñas) o flexible (la que se encuentra en el cabello). La queratina es la responsable de la estructura de ambas zonas, pero se trata de una sustancia muy vulnerable que se va perdiendo o deteriorando con el paso del tiempo o como consecuencia de los cuidados inadecuados.

En el caso de las uñas, estas están formadas por una fina capa córnea y la queratina es uno de sus componentes y, además, uno de los más vulnerables. Así, por ejemplo, cuando la uña se moja, la queratina que contiene se hidrata y ablanda (de ahí que sea más fácil cortar las uñas en este momento), para, una vez seca, endurecerse. Esta circunstancia, unida a otros factores como la falta de hidratación adecuada, altera las capas de queratina, haciendo que la uña se desdoble y se vuelva quebradiza.

En cuanto al pelo, la queratina constituye el 90% de la estructura capilar y, al igual que ocurre con las uñas, la pérdida o desgaste consecuencia de unos cuidados inadecuados se traducen en un cabello cada vez más frágil, seco, desvitalizado y con tendencia al encrespamiento, una situación que en determinados casos puede producir o acelerar la caída capilar.

Por suerte, ambos problemas son reversibles y tienen una solución similar. Por un lado, evitar todos aquellos agentes o situaciones que puedan agredir la queratina natural: en el caso de las uñas, protegerlas con guantes cuando se usen detergentes o sustancias agresivas, y en el del pelo, suprimir o minimizar técnicas que “atacan” directamente a la queratina, como son las decoloraciones y otros tratamientos y el abuso del secador y las planchas de pelo.  Y, por otro, utilizar productos y tratamientos ricos en esta sustancia, para así reponer el déficit de queratina en ambas zonas. Cada vez hay más cosméticos capilares que incorporan queratina para el pelo y lo mismo ocurre con muchos productos específicos para uñas (cremas, esmaltes).

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