Desde las densas pastas elaboradas con sustancias naturales que las habitantes del Egipto faraónico usaban paracambiar el color del pelo hasta las nuevas técnicas que permiten conseguir tonos de color prácticamente personalizados, pasando por las distintas modalidades de tintura a las que se han recurrido en las distintas épocas, está claro que desde tiempos inmemoriales, cambiar el color del pelo ha sido una práctica habitual. 

El color de cabello viene determinado por la presencia de un pigmento, la melanina, que se encuentra en el cortex o capa que rodea la médula y de la que existen dos familias básicas, responsables a su vez de los distintos tonos de color: las eumelaninas (que varían del negro al rojo y son las responsables de los tonos oscuros) y las feomelaninas (pigmentos difusos que van del rojo brillante al amarillo), y que dan como resultado los colores claros. La mayoría de los cabellos poseen ambos pigmentos a la vez, pero en una cantidad que viene determinada genéticamente. 


Pero lo que la genética no da, los colores de tintes lo pueden conseguir en tan sólo pocos minutos, gracias a los ingredientes que estos productos incluyen en su composición y que actúan en el cabello en dos sentidos: penetrando en el interior, para cambiar el color del pelo modificando los pigmentos naturales mediante un proceso de oxidación (caso de la coloración permanente) o quedándose en la capa más externa o cutícula, añadiendo tonos de color temporales sin alterar la estructura externa (coloración semipermanente). 

En ambas opciones, la tintura se aplica de forma similar: sobre el cabello húmero o seco, repartiendo el producto de raíz a puntas, dejando actuar durante el tiempo indicado –que varía según el tipo de tintura y, también, de los tonos de colorelegidos- y aclarando después. 

Cada producto y cada casa cosmética ofrecen una amplia variedad de colores de tintes. En la elección hay que tener en cuenta varios factores (el tono de la piel, el estilo de pelo, la edad….) pero hay un truco al que recurren algunos estilistas y que suele dar buenos resultados: el color de las encías. Si éstas tienden al morado, los tonos de color más aconsejados para el pelo son los vino o tierra; si por el contrario las encías son muy blancas, lo mejor es decantarse por los rubios más claros; y a las personas que lucen encías rosadas les funcionan bien casi todos los colores de tintes

Aunque afortunadamente la composición de los tintes actuales es muchísimo menos agresiva que la de sus predecesores, a la hora de cambiar de color del pelo nunca hay que perder de vista que la acción de la tintura siempre va a implicar una agresión para la salud capilar. Por suerte, para minimizar este efecto, se puede adoptar algunas medidas que resultan muy efectivas: 

Respetar escrupulosamente las pautas de aplicación del tinte, teniendo en cuenta que los cabellos permanentados, secos y finos se colorean más rápidamente. 

Utilizar champús, acondicionadores y mascarillas específicos para cabello teñido. 

Evitar o, al menos, minimizar el uso del secador, las planchas del pelo, los rulos térmicos y cualquier otra fuente de calor que, además de incrementar el daño en la cutícula, alteran el tono del cabello. 

-Extremar las precauciones en verano: el tándem sol-tinte puede resultar muy nocivo tanto para el aspecto como para el buen estado del cabello coloreado.

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