En el terreno de la coloración capilar, la tendencia es el “más difícil (y más colorido) todavía”. En efecto, a las gamas tradicionales que abarcan todas las tonalidades que van desde el negro más profundo al rubio más claro, se han venido a unir en los últimos tiempos los colores más atrevidos de la paleta cromática. Estilismos como el “hair stencil (que consiste en “estampar” formas geométricas, flores y demás diseños en la melena con la ayuda de plantillas y sprays capilares de colores), el “arco iris oculto” (colorear la última capa del cabello con un efecto multicolor) o el “novísimo” pelo confeti, especialmente indicado para los cabellos rubios (no decolorados) y cuyo objetivo es inundar el pelo de motas o pinceladas de tonos pastel, protagonizan la interpretación más puntera de lo que se entiende por “teñirse el pelo” tal y como reflejan las cuentas de Instagram de referencia sobre estilos capilares.

Aunque las fórmulas actuales han mejorado mucho, sobre todo en lo que a la protección de la cutícula se refiere, y teniendo en cuenta que los productos que se emplean para crear estos efectos de moda se encuadran en la categoría de coloración semi permanente (se elimina con los lavados), siempre hay que tener en cuenta que, si no se utilizan adecuadamente, los tintes son malos para el pelo.

La clave para minimizar el daño que los tintes pueden producir a nivel capilar es seguir unas reglas del juego que pasan, en primer lugar, por preparar el pelo previamente, utilizando una mascarilla o acondicionador profundo los días antes de teñirse para “poner a punto” la estructura capilar (este gesto es absolutamente imprescindible en los casos de pelo dañado). También es muy importante elegir un producto que ofrezca todas las garantías en cuanto a la protección del cabello y que incluyan ingredientes hidratantes como el ácido hialurónico y que ayuden a la fijar el color sin agredir la cutícula. Y, fundamental, cuidar adecuadamente el cuero cabelludo (usar un champú suave los días antes del tinte; no teñirse si está irritado, tiene descamaciones, etc.) ya que las sustancias químicas contenidas en los productos de coloración pueden afectar el estado de su piel, que es muy sensible.

Tan importante como realizar correctamente el proceso de coloración (repartir bien el producto, protegiendo zonas especialmente dañadas como las puntas; respetar los tiempos de aplicación; enjuagar muy bien…) es el cuidado del pelo teñido: el uso de un champú específico para este tipo de cabello, siempre “en tándem” con el acondicionador; la aplicación regular de mascarillas que incluyan ingredientes nutritivos y reparadores; reducir al máximo el uso del secador, planchas, tenacillas y otros dispositivos que impliquen calor; evitar combinarlo con otras posibles agresiones al cabello (nunca junta tinte y permanente o alisado, por ejemplo) e intensificar todos estos cuidados en los cabellos que estén secos, desvitalizados o tiendan al encrespamiento.

Y en el caso de las coloraciones “de fantasía”, seguir bien las instrucciones de uso de estos productos y asegurarse de aplicar los mismos cuidados que en los tintes más convencionales, ya que el hecho de que sean temporales no significa que no puedan dañar el cabello.

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