Se sabe que el abuso de la exposición al sol en verano es perjudicial para la piel pero, al menos, tiene la parte positiva del bronceado que proporciona. En el caso del cabello, sin embargo, no nos queda este consuelo, ya que tanto el exceso de sol como el resto de los factores asociados al buen tiempo suponen un riesgo tanto para la salud como para la belleza capilar.

El cloro, la sal, el viento… todos estos factores perjudican de una u otra manera la estructura del pelo en verano, pero el daño unánime que la conjunción de todos ellos produce es la oxidación, esto es, hacen que la cutícula (la capa externa) se abra y se altere su tono, dando lugar a una cabellera áspera, opaca y poco flexible. Todo ello se produce porque la principal víctima de estas agresiones es el sebo, la materia natural producida por las glándulas sebáceas, que forman una película invisible que envuelve y protege el cabello. Cuando este escudo protector se pierde, el pelo se vuelve extremadamente vulnerable y la cutícula (parte externa) sufre en exceso. Este daño resulta todavía más evidente en aquellos casos en los que se ha recurrido a técnicas que ya de por sí son nocivas para la estructura capilar, como es el caso de los desrizados, moldeadores y tintes de pelo.

Por tanto, en verano, los cuidados del pelo tienen que elevarse a la enésima potencia,  e incluir a todos los gestos: desde el cepillado del cabello hasta la forma en la que se seca (en este sentido, lo ideal sería renunciar al secador durante los meses de calor). Así, por ejemplo, es importante tener en cuenta que, contrariamente a lo que muchas personas piensan,  sí se puede desenredar el cabello mojado, pero no de cualquier manera: hay que utilizar un peine, a ser posible de púas anchas y separadas entre sí, e ir desenredando mechón a mechón, empezando por la mitad inferior del pelo hacia las puntas. Hay que evitar peinar el cabello hacia abajo, tirando desde la raíz, ya que de esta forma se puede partir fácilmente.

Lo que sin duda resulta fundamental en esta época del año es incluir en la rutina diaria productos capilares tanto protectores como reparadores. En este sentido, uno de los productos más recomendados por los expertos es la mascarilla de ácido hialurónico, una sustancia capaz de absorber hasta 1.000 veces su peso en agua, ayudando al cabello a mantener su hidratación (lo que constituye su mejor arma de defensa frente a los embates medioambientales estivales) y mejora su flexibilidad. Además, productos como la mascarilla de ácido hialurónico de Svenson incorpora protector solar especialmente adaptado, que no sólo protege frente a las radiaciones UV sino que previene la pérdida de color y aporta un plus de brillo.

Además, y para preservar la belleza capilar, esta mascarilla incorpora otro ingrediente, la creatinina, que acelera el proceso regenerativo del cabello dañado y estimula la síntesis natural de colágeno, fortaleciendo el cabello y aumentando su resistencia a la rotura, que es una de las consecuencias del “maltrato” al que el sol y otros factores someten al cabello.

 

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