La mayoría de las personas están concienciadas sobre la necesidad de cuidar y, sobre todo, proteger el cabello en verano, frente a ese “cóctel” nocivo que forman los efectos de las radiaciones solares y otros factores como la sal o el cloro de las piscinas. Pero sin embargo, con el cambio de estación y cuando bajan las temperaturas, toda la atención se centra, por ejemplo, en las manos o los labios, y nos olvidamos de que el cabello está igual o más expuesto que estas zonas a las agresiones medioambientales del invierno.

El frío exterior, el viento, la polución, los cambios bruscos de temperatura y la  calefacción son los principales enemigos del pelo en invierno, y todos producen un efecto común: la pérdida de hidratación. La cutícula es la principal afectada de la falta de humedad ambiental, ya que las escamas que la forman pierden su estructura ordenada, dando lugar al antiestético “efecto frizz” (el pelo “se carga” de electricidad estática) que convierte a muchas melenas en indomables.

pelo en invierno

Otro de los efectos es la excesiva sequedad del cuero cabelludo, que en muchas ocasiones puede desencadenar incluso en descamación y que afecta especialmente a las personas con caspa y otros problemas que afectan a la piel de esta zona (psoriasis, por ejemplo). Por tanto, la adecuada protección del pelo en invierno es muy importante, y el cuidado básico, esencial e imprescindible pasa por la hidratación: independientemente de la tipología capilar, hay que reforzar la rutina habitual con productos que aporten un plus de hidratación a través de ingredientes como la manteca de karité, las proteínas de seda, la keratina y aminoácidos nutritivos, entre otros.

Es importante elegir un champú suave, que preserve las condiciones saludables del cuero cabelludo, y aprovechar el momento del lavado para dar un ligero masaje sobre esta zona, con las yemas de los dedos y en sentido circular, para así activar la circulación y favorecer la penetración de los activos nutritivos e hidratantes.

El acondicionador es el mejor aliado para evitar el efecto frizz. Hay versiones con y sin aclarado. Estas últimas son especialmente recomendables cuando el pelo va a estar expuesto a la climatología. Lo ideal es aplicarlo en los medios y puntas, que son las áreas en las que la cutícula suele estar más frágil y debilitada. Su uso debe ir en tándem con la mascarilla (una o dos veces por semana), y aquí también hay que aplicar la premisa de cuanta más hidratación, mejor. Para potenciar su efecto, nada mejor que cubrir el pelo con un gorro de ducha y dejarla actuar un mínimo de 30 minutos, para crear así un entorno de calor local que favorece su acción reparadora.

El uso del secador es inevitable cuando la climatología no acompaña, pero hay que evitar en lo posible aplicarlo a temperaturas altas y, mucho menos, combinarlo con planchas alisadoras o tenacillas. Es muy importante preparar el cabello previamente con un producto protector térmico y, sobre todo, asegurarse de que la raíz queda perfectamente seca, ya que exponerse al frío ambiental con restos de humedad en esta zona puede tener efectos nefastos para el cabello… además de aumentar notablemente las probabilidades de coger un resfriado.

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