167825234_d5ab883f90El cabello también envejece, y esta es una realidad con la que la mayoría de la gente se da “de bruces” al descubrir las primeras canas. Sin embargo, las manifestaciones del proceso de envejecimiento a nivel capilar van mucho más allá de la pérdida de pigmentación del cabello y, además, hay que tener en cuenta la intervención de otros factores como, por ejemplo, la estrecha relación que existe entre las hormonas y el estado del pelo y, también, la influencia que pueden tener determinadas alteraciones orgánicas y anímicas que pueden hacer que el pelo en la menopausia presente unas características distintas.

Con el paso del tiempo (sobre todo a partir de la década de los 40), y al igual que ocurre con la piel, se produce en el organismo una desaceleración del metabolismo que a su vez da lugar a una disminución de la producción de sebo y una ralentización de la microcirculación sanguínea y de los intercambios celulares. En lo que respecta al pelo, estos cambios pueden traducirse en una alteración del ciclo natural de crecimiento capilar. Por su parte, los cambios hormonales característicos de la menopausia (fundamentalmente un descenso considerable del nivel de estrógenos) también se reflejan en el estado del cabello, disminuyendo la densidad capilar, lo que tiene como resultado un pelo con poco volumen. Además, todas estas circunstancias afectan al cuero cabelludo, que se encuentra más desvitalizado y deshidratado, lo que afecta a la raíz capilar y puede favorecer la caída, de ahí que la aparición de la alopecia femenina en esta etapa de la vida sea más frecuente de lo que pueda parecer.

¿Qué estrategias se pueden utilizar para prevenir o minimizar estos efectos que el envejecimiento produce a nivel capilar? Pues principalmente llevar unos hábitos de vida lo más sanos posibles, vigilando la alimentación (la pérdida de aminoácidos esenciales, por ejemplo, es característica de esta edad y afecta notablemente a la estructura capilar), hacer ejercicio físico regularmente (favorece la oxigenación del organismo) y evitar tóxicos como el alcohol y el tabaco. Y desde el punto de vista cosmético, una buena estrategia es recurrir a productos revitalizantes, ricos en vitaminas y aminoácidos (las ampollas funcionan muy bien en este sentido); evitar técnicas y tratamientos que agredan al cabello y utilizar productos específicamente formulados para cabellos finos, débiles y desvitalizados.

En cuanto a las canas, síntoma inequívoco del envejecimiento capilar, hay que tener en cuenta una serie de cuestiones para así poder “manejarlas” de forma adecuada, sobre todo en lo que se refiere a algunos de los falsos mitos que circulan en torno a ellas. Por ejemplo, es absolutamente falso que por el hecho de arrancar una cana salgan más: las canas van saliendo poco a poco, a medida que disminuye la producción de melanina y, por tanto, el cabello va perdiendo su pigmentación. En cuanto a sus cuidados, el pelo cano necesita el mismo tipo de gestos diarios que el cabello pigmentado.

 

FOTO: Beatrice Murch

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