Estos días quién más y quién menos se encuentra en plena “operación reset”, volviendo a poner a punto el organismo tras los excesos navideños e intentando que todo vuelva, en la medida de lo posible, a la normalidad. Sin embargo, en este reinicio de principios de año nos solemos olvidar del cabello, que también acusa de forma importante los efectos colaterales del cambio de hábitos y rutinas característico de esta época del año.

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Y es que son muchos los factores que “conspiran” en contra de ese ideal de cabello sano que todos tenemos. Por un lado, los estilismos característicos de las fiestas y reuniones y que en la mayoría de los casos implican el abuso de secadores, planchas y otras técnicas que agreden la estructura capilar, fundamentalmente la de la cutícula. A ello hay que unir los riesgos a los que se enfrenta el pelo en invierno: el viento, el frío, los cambios bruscos de temperatura que se producen al entrar en ambientes con calefacción y otros factores ambientales tienen un efecto directo sobre el estado del cuero cabelludo, resecándolo en exceso, y también sobre el aspecto del pelo, propiciando, entre otros, el encrespamiento.

Por otro lado, las alteraciones que se producen en la rutina habitual y, sobre todo, los excesos alimentarios, también tienen su reflejo en el cuidado del pelo, ya que la relación dieta-salud capilar es muy estrecha. Los menús festivos, caracterizados generalmente por muchas grasas e hidratos y pocas frutas y verduras, propician que se prive al organismo de nutrientes que son también esenciales para el pelo.

Por tanto, la recuperación de la salud capilar debe basarse en dos frentes: por un lado, aplicar todos los cuidados cosméticos que permitan al cabello recuperarse de los estragos festivos y reparar los daños (sequedad, puntas abiertas, mayor sensibilidad del cuero cabelludo…). Para esa “misión”, los mejores aliados son aquellos productos que aportan un plus de nutrición (mascarillas, serums y acondicionadores, principalmente).

El segundo frente reparador pasa por la dieta: es fundamental incluir en los menús aquellos alimentos que resultan fundamentales para tener un pelo sano. Por suerte, el repertorio de estos nutrientes es muy amplio y, además, son perfectamente compatibles con las dietas contra los excesos que se siguen en este momento del año. Así, por ejemplo, las frutas son la mejor fuente para obtener todas las vitaminas (especialmente la A, la B y la C) que el cabello necesita para crecer de forma sana y mantenerse fuerte. También es importante incorporar alimentos con alto contenido en hierro, como las espinacas y la remolacha, ya que este mineral es otro importante aliado de la salud capilar.

Y como “antídoto” a tanta grasa navideña, nada mejor que apostar por las proteínas, sobre todo las que proceden de las carnes blancas, el pescado y los huevos, ya que además de aportar pocas calorías, contienen aminoácidos esenciales (entre ellos, la queratina) para la correcta estructura capilar.

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