Cuando se trata de mantener la salud capilar, cualquier cuidado cosmético es poco. Actualmente hay en el mercado una amplia gama de productos específicamente formulados para cada necesidad. Sin embargo, existen otros aspectos que hay que tener muy en cuenta, ya que juegan un papel determinante tanto para preservar el bienestar capilar como para prevenir problemas como, por ejemplo, lucir un pelo sin brillo. Y en este sentido, la dieta resulta determinante.

Está demostrado que la carencia de algunos nutrientes incide directamente en la salud capilar. Es el caso, por ejemplo, de tener unos niveles bajos de hierro, que es la causa por la que muchas personas notan que empiezan a perder pelo y, también, uno de los principales “culpables” del pelo sin brillo. De ahí la importancia de incluir en la dieta alimentos que sean ricos en este mineral: legumbres secas, berberechos, hígado, carne roja, salmón, atún, huevos, cereales fortificados con este mineral…

Otros dos minerales, el zinc y el selenio, también tienen que estar presentes en la dieta, ya que su déficit se relaciona directamente con una mayor fragilidad capilar, que a su vez está asociada al problema de perder pelo. El zinc se encuentra principalmente en todos los alimentos ricos en proteínas (carnes principalmente) y también en las nueces, las legumbres y la levadura. Entre los alimentos ricos en selenio destacan las verduras, el pescado, los mariscos y el ajo.

Así mismo, las proteínas son fundamentales en la dieta. Teniendo en cuenta que esta sustancia es el componente fundamental de la estructura capilar, asegurar los niveles adecuados es clave para el buen estado capilar. Las principales fuentes de proteínas en la dieta son la carne, el pescado y los huevos, pero hay otra quizás más “desconocida” que, sin embargo, proporciona un aporte importante de este nutriente: la gelatina. Este alimento (un postre delicioso y muy versátil, por otro lado) está compuesto de colágeno, sales minerales y aminoácidos, sustancias todas ellas aliadas de los tejidos corporales y de la estructura del cabello y las uñas.

En cuanto a las grasas, aunque su ingesta debe estar controlada (especialmente las consideradas “malas”), no hay que eliminarlas totalmente de la dieta, pues, entre otros beneficios, son las responsables del brillo y la elasticidad del pelo. Y, por supuesto, hay que asegurarse de que el organismo está perfectamente hidratado (los consabidos dos litros de agua al día) ya que por muy nutritivas y efectivas que sean las mascarillas que se apliquen sobre el cabello, nada sustituye a una óptima hidratación interna.

Además de estas pautas dietéticas, hay una serie de consejos para conservar la salud del pelo que nunca hay que perder de vista: no abusar del secador, las planchas u otras técnicas que pueden resultar agresivas; aprovechar la aplicación del champú para masajear el cuero cabelludo (y así, activar la circulación en la zona del cuerpo cabelludo) y, sobre todo, ponerse siempre en manos de profesionales cualificados.

 

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