Según datos de Laboratorios Genesse, 8 de cada 10 personas asegura que se siente mucho mejor cuando se encuentra a gusto con su cabello y con el peinado que luce. Y es que tener un pelo bonito no sólo es nuestra mejor carta de presentación sino que ejerce un efecto directo sobre el ánimo y la autoconfianza. Un ejemplo de esta estrecha relación entre pelo y autoestima es que en los países de habla inglesa se ha popularizado la expresión “bad hair day” (que se podría traducir más o menos como “esos días en los que tienes el pelo hecho un desastre”) para referirse a esas jornadas en las que nada sale bien y se tiene la moral por los suelos. 

Lo cierto es que el vínculo se hace evidente desde los primeros años de vida y así, en la adolescencia, el corte, estilo o color capilar constituyen una de las principales señas de identidad.  Con la edad, la estrecha relación entre el cabello y la imagen se mantiene, vinculada generalmente al intento por rejuvenecer, en el caso de las mujeres, y a frenar los efectos de perder pelo en el de los hombres.

Pero las implicaciones del estado del cabello a nivel anímico pueden ser más profundas, tal y como refleja un estudio reciente realizado por Svenson en el que han participado 1.000 encuestados y según el cual, el 82% de las personas con problemas capilares reconoce que este aspecto les influye emocionalmente y un 21% señalan que también puede producirles ansiedad. El estudio refleja también que esta repercusión emocional es superior en las mujeres: un 75% de las entrevistadas reconoce que repercute en su autoestima y le causa ansiedad, siendo el ámbito sentimental donde más les influye. Los hombres, por su parte, muestran una menor preocupación por este aspecto, aunque un 40% señala que ve condicionado su estado emocional en relación a su aspecto capilar.

Aunque este efecto sobre el ánimo se mantiene durante todo el año, los expertos señalan que con las alteraciones que experimenta el pelo en primavera se intensifica y alcanza un momento pico. ¿La razón? Durante esta época del año se suele producir un aumento de la caída del cabello debido sobre todo a los cambios de hábitos que se suelen adoptar con la llegada del buen tiempo: nuevos horarios, dietas de adelgazamiento que en no pocos casos son pobres en nutrientes esenciales, una mayor exposición al sol… Todo ello repercute en la salud del cabello, favoreciendo un aumento de la caída o intensificando los problemas capilares existentes.

A ello hay que unir otras circunstancias emocionales relacionadas con la primavera, como la astenia, , y físicas, como la alergia, que contribuyen a que el ánimo esté más bajo de lo habitual. Por suerte, se trata de un estado transitorio, que no suele revestir gravedad y que, en el caso del cabello, se puede prevenir mediante el uso de productos específicos y los cuidados adecuados.

 

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