7585893930_3b4aa1f8b6_zYa se sabe que mente y cuerpo están directamente relacionados, de ahí que las alteraciones de tipo anímico tengan con frecuencia una repercusión directa en el funcionamiento del organismo, incluido el comportamiento del ciclo capilar. De ahí que no sea extraño que en épocas de mucha tensión, cuando hay un estado de nerviosismo mantenido o en situaciones de estrés la alopecia femenina pueda hacer acto de presencia. De hecho, perder pelo por estrés es más frecuente de lo que pueda parecer. Sí, además, esta circunstancia coincide con una época típica de mayor caída del pelo (otoño, por ejemplo), el problema puede empeorar.

Para explicar esta relación causa-efecto, hay que tener en cuenta que el estrés tiene una incidencia directa en los hábitos de vida. Así, por ejemplo, una reciente investigación realizada en la Universidad de Washington demostró que las personas que padecen estrés consumen mayor cantidad de comida rápida y menos porciones de frutas y verduras y, además, los niveles altos de estrés laboral están también asociados a una menor actividad física. Todos estos factores tienen sus efectos sobre la salud capilar y, por tanto, boicotean los intentos de lucir un pelo bonito. ¿La razón? Unos hábitos de vida deficientes pueden impedir que el bulbo capilar reciba los nutrientes y la oxigenación necesarios para el correcto desarrollo y crecimiento del cabello.

Por otro lado, se sabe que tanto el estrés en sí mismo como determinadas situaciones que afectan al estado anímico pueden producir alteraciones más o menos importantes en el organismo que también repercuten en el comportamiento del ciclo capilar. Concretamente, los estados de ansiedad, tristeza o depresión pueden producir la caída repentina de mechones de pelo en zonas localizadas, dando lugar en algunas ocasiones a la aparición de zonas despobladas más o menos visibles; a un incremento de la producción de grasa o a una caída excesiva que anteriormente no se producía.

Un caso bastante mediático de esta situación de perder pelo por estrés es el de la actriz británica Kristen Stewart, quien empezó a lucir zonas despobladas bastante visibles en su característica melena coincidiendo con la ruptura sentimental con el también actor Robert Pattinson, su “partenaire” en la saga Crepúsculo. Fuentes allegadas a la actriz comentaron en su momento la difícil situación por la que ésta estaba atravesando, y atribuyeron sus problemas capilares a su bajo estado anímico.

Lo primero que hay que hacer en estos casos es ponerse en manos de un profesional para que determine hasta qué punto la caída capilar es atribuible al estrés o puede deberse a otra causa. Después, utilizar productos específicos para solucionar este problema (champú anticaída, ampollas capilares revitalizantes…); extremar los cuidados diarios para preservar la salud del cabello (evitar los agentes agresivos, utilizar peines y cepillos adecuados…); y, también, poner en marcha estrategias que contribuyan a reducir los niveles de estrés: ejercicio físico, masajes, meditación, vigilar los patrones de sueño…

 

FOTO: Gage Skidmore

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